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La guerra de los Hermanos fue el último conflicto armado del año 9 y el primero del año 10, librado entre el Principado de Paulita y el Reino de Carlos por el control de los territorios de este último. El segundo Estado Federal fue quien inició el enfrentamiento, que ganó de forma arrolladora por el apoyo del Gobierno Federal, de la República de David y de la diplomacia de la Alidaim. La ONLC, histórico aliado del Reino de Carlos, no intervino de forma oficial, pero sí permitió a sus miembros enviar refuerzos al estado carlense. El único que lo hizo fue el Imperio de Manuel, en una acción suicida que enfrentó a barcos civiles contra la Segunda Flota Federal, liderada por el portaaviones USFS Sirius.

Por 6 177 fallecidos del lado paulitino, murieron casi 75 000 personas entre civiles carlenses y militares de RCA e IMA. 97 479 soldados del bando carlense fueron capturados, lo que supuso el desarme del Ejército del RCA y una grave pérdida para el Imperio de Manuel. La Alidaim, por medio de uno de sus estados "aparentemente" más "débiles", demostraba que estaba a años luz del poder y del prestigio de la vieja alianza manuelina.

En la actualidad y tras la victoria del Principado de Paulita, los territorios carlenses están bajo protectorado legalmente hasta la X Era Internacional, cuando el PPL intentará ponerlos bajo gestión de los extintos Reino de Naiara y Principado de Borja. El Reino de Carlos mantiene una embajada en la ciudad irikense de Valencia, ejerciendo de facto un «gobierno en el exilio» hasta que, a petición del Rey Carlos, se celebre un «referéndum con garantías» en la zona conquistada.

Casus belli esgrimido por el PPL Editar

Pese a que incluso la Alidaim ha considerado que se trató de una guerra con un mero interés expansionista, el Principado de Paulita esgrimió desde el principio el argumento de la «liberación» del pueblo carlense, «oprimido bajo un soberano absolutista». Aún estando considerado el Reino de Carlos como un estado absolutista, la mayoría de historiadores y politólogos considera que no era potestad paulitina intervenir en un momento en el que el estado carlense se encontraba en un periodo de estabilidad.

Desarrollo del conflicto Editar

Desde en minuto cero se vio que la balanza estaba inclinada en exceso a favor del Principado de Paulita. El sarayday 10 de ikernés del año 9, tras el anuncio de potenciar el «expansionismo paulitino» por parte de la gobernadora Lea Rochsmith, la IV Brigada Acorazada federal -bajo control paulitino- invadía el este del Reino de Carlos atacando desde Stiegelville. Pese a la reacción airada del Imperio de Manuel al movimiento de tropas en la frontera, el IMA carecía de barcos con los que enviar refuerzos a su aliado. Mientras la ONLC dotaba de buques al Ejército Manuelino, la guerra continuaba en el RCA.

El día 11, a la 1:21 de la madrugada, se producen los primeros enfrentamientos en territorio carlense: un grupo de 750 soldados nacionales son atacados por el grueso de la artillería paulitina: 185 tanques ligeros M2 Galaxy y 290 pesados M1 Galaxy, acompañados por 154 vehículos de combate y 102 camiones de suministros y de transporte de tropas. La brigada paulitina estaba excelentemente equilibrada. Al día siguiente, el Imperio de Manuel empezaba a mover su ejército, lo que hizo intervenir al Gobierno Federal: trece modernos cazas F-35 acompañados por un avión cisterna KA-7 partieron desde Eiapisa para cubrir por el aire a la IV Brigada Acorazada, y la 2ª Flota Federal comenzó a patrullar las aguas costeras del norte de la República de David con el objetivo de bloquear el paso a los barcos manuelinos.

Durante la tarde del día 13 comenzaría la Batalla de Villavieja, la más importante de la contienda en tierra, en la que los soldados locales trataron de acuartelarse en el pequeño pueblo carlense de Villavieja, a 65 kilómetros al este de Ca-de-Cappe. La guerra entró de lleno en la campaña electoral federal, con las acusaciones por parte del Partido Republicano Federal a los demócratas de «traidores a sus aliados históricos» -en referencia al Reino de Carlos-, y de «responsables directos» de la «masacre». Saray Gómez se escudó en la Constitución Federal para justificar las actuaciones paulitinas, que sin embargo estaban ampliamente respaldadas por la población de la República de David[1]. El día 14, los cazas irikenses barrieron a 21 anticuados aeroplanos carlenses que despegaron para tratar de hacerles frente. Con la destrucción de otros 44 aviones aún en sus hangares, el Reino de Carlos perdió a toda su fuerza aérea y con ella la mayoría de sus posibilidades de resistir la invasión paulitina. La Batalla de Villavieja continuaba, y ya se estaba convirtiendo en una masacre. Los soldados carlenses, que preferían morir a rendirse, ralentizaban pero no lograban detener el avance de la IV Brigada Acorazada y sus poderosos tanques. El gobierno carlense decidió repartir armas RPG entre la población, pero el mermado Ejército Carlense apenas contaba con 150 armas de este tipo. La República de Enol y el Principado de Aurora se convirtieron ese día en los primeros estados que criticaron abiertamente la guerra y su crueldad. Eloy Manteca fue especialmente conciso: «es una guerra fraternal sin sentido», concluyó.

Ya entrada la noche, la Segunda Flota Federal, liderada por el poderoso portaaviones USFS Sirius, sorprende al grupo de buques de la ONLC que trataban de trasladar al Ejército Manuelino hacia el Reino de Sergio. Se desencadenó entonces una breve batalla naval, que terminó con la huida hacia el oeste de 11 barcos con cerca de 17 200 soldados, pero con la mayoría del ejército rival capturado y sus barcos militares hundidos. Ningún estado del mundo comprendió o justificó la acción suicida del Imperio de Manuel, que además no gozaba de unas relaciones diplomáticas tan boyantes con el Reino de Carlos.

Pese a sus intentos por hacerlo, los carlenses no fueron capaces de bloquear la línea de suministros del Ejército Paulitino. Esto supuso su derrota definitiva en la Batalla de Villavieja, que se dio por finalizada el día 15 con unas pérdidas muy dispares; 4 656 soldados por parte del Principado de Paulita y más de 30 000 por parte del Reino de Carlos. En Villavieja murieron más de 4 800 civiles. Al día siguiente, la gobernadora Lea Rochsmith comparece ante la Cámara de Representantes federal, donde apela a su actuación «en nombre de la libertad» para seguir justificando el conflicto, que realmente fue impulsado por la nobleza paulitina. La presidenta de la ONLC, Sofía Braña, fue mucho más vehemente en sus declaraciones: «si el Reino de Carlos cae, la culpa será única y exclusivamente de la República de David».

El día 20 por la mañana, los soldados de la IV Brigada Internacional llegan al río Ros, última frontera natural que debían de superar antes de llegar a la capital carlense, 22 kilómetros al oeste. La Batalla del río Ros empezó el día 23, tras una breve tregua impulsada por la huelga feminista que tuvo lugar ese mismo día a nivel internacional. Los soldados paulitinos, apoyados por la aviación irikense y por los poderosos tanques M1 Galaxy, hacen retroceder a los defensores hacia la orilla norte del río. Los refuerzos del Imperio de Manuel iban a llegar al día siguiente al frente, por lo que los carlenses se verían obligados a resistir en solitario varias horas más. Pero en la mañana del día 24 la aviación irikense arremetió contra la columna de soldados manuelina en lo que fue una auténtica carnicería: más de 7 000 soldados del IMA murieron al hallarse indefensos ante un ataque aéreo, ejecutado además sin bombarderos, solo con cazas. El fracaso del Ejército Manuelino propició la victoria paulitina en el río Ros. El Reino de Carlos había perdido otros 14 600 soldados en una defensa infructuosa.

La Federación de los Estados Unidos y sus aliados daban cobertura a la guerra, pero evitaban pronunciarse de forma clara a favor o en contra de ella. La República de Enol no hizo declaraciones públicas contra el Principado de Paulita[2], ya que el Reino de Carlos nunca había sido su aliado. El día 27 las tropas paulitinas alcanzaron Ca-de-Cappe y comenzaron a preparar su asedio, un asedio que podría resultar tremendamente peligroso. La República de David retiró a su aviación instada por la Alidaim, que no estaba por la labor de permitir una masacre como la del día 24 o incluso mayor.

Las elecciones del año 10 hicieron a los contendientes firmar la última tregua de la guerra. Las hostilidades verbales continuaron, pero ni el Reino de Carlos estaba en condiciones de sacudir el cerco de su capital, ni la IV Brigada tenía recursos y efectivos para asaltar la ciudad. En ese contexto, el nuevo presidente federal Lander Fernández pidió al general David que intentase mediar en el conflicto, y el día 28 de eiapisano comenzaron las negociaciones para la rendición pacífica carlense. Miles de personas habían abandonado la capital, en dirección a la República de David y el Reino de Marina, neutrales en la guerra. La diplomática irikense Saara Joukani fue clave en las negociaciones: logró que los paulitinos se comprometiesen a no ejercer acciones represivas contra los carlenses, una vez tomada su capital. El tratado incluía la rendición de Ca-de-Cappe el día 1 de palazuelino, pero finalmente la firma de capitulación tuvo lugar el 31 de eiapisano. Al rey Carlos se le permitió exiliarse a Valencia, donde estableció un gobierno títere que no fue reconocido por ningún organismo internacional.

Futuro Editar

El Principado de Paulita pretende entregar los territorios conquistados al Reino de Carlos al príncipe Borja o a la reina Naiara, que perdieron el control de sus territorios hace ya varios años. No será un tratado fácil de lograr, dado que estos dos nobles apenas son conocidos en el ámbito internacional y no gozan de la simpatía de la Alidaim, a la que nunca pertenecieron.

El Reino de Carlos, por su parte, continúa existiendo de iure, algo insólito: ningún organismo del mundo ha dejado de reconocer al RCA como estado soberano. La Alidaim aboga por la realización de un referéndum durante la X Era Internacional para tratar de lograr una solución para los territorios afectados.

Véase también Editar

Referencias Editar

  1. Salvo la de las zonas orientales del estado, donde se criticaba fervientemente el conflicto.
  2. Sí que lo hizo "a favor de la paz".
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